Entrevista a Gianfranco Selgas: “Me gusta la idea de que cada lector trae consigo un horizonte de expectativas que le permite interpretar la obra de forma específica”

Al concluir Revisiones, procedimos con nuestra respectiva entrevista a su autor Gianfranco Selgas. Datos interesantes y no tan reveladores a fin de no dañarles las sorpresas que trae la novela, pudimos conocer su proceso creativo para Revisiones, en el contexto literario en general e intercambiar puntos de vistas. Bajo la idea de que la subjetividad y la comprensión final está en las manos de cada quien, Selgas permanece un tanto misterioso al igual que el texto a la hora de intrepretarlo.

Foráneo: Hola Gianfranco, es un placer poder contar contigo para abrir nuestro proyecto Foráneo. Me alegra que formes parte de él. Para empezar, cuéntanos qué estás haciendo ahora. ¿Algún proyecto literario? y ¿dónde podemos ver más acerca de tus trabajos?

Gianfranco: El placer es mío, gracias a Foráneo por el interés y esta entrevista. En estos momentos estoy dedicado casi por entero a la academia y la enseñanza, lo que condiciona en parte el tiempo que puedo entregar a la escritura entendida como ficción; sin embargo, esto le otorga cierta parsimonia al acto, me obliga a realizarlo con lentitud, y esto me resulta agradable porque me permite reflexionar sobre lo que escribo. En cuanto a proyectos literarios, considero que trazamos proyectos estéticos a diferente escala con cierta frecuencia, y ya luego queda de parte de uno o de la misma viabilidad del proyecto en sí, el desarrollarlos o abandonar la idea por completo. Dicho esto, a día de hoy estoy más por la labor de trazar ideas que de materializarlas. Y respondiendo a la tercera cuestión, la persona interesada en ver más acerca de mis trabajos podrá hallar algunos artículos sueltos que se han publicado en espacios como la revista digital Mito y que son, más bien, intentos de crítica literaria, reseñas. Hay otros textos que se han publicado en revistas en España y Suecia, pero estos, por cuestión de formato, resultan menos accesibles para un público internacional. También juego a mantener un blog, donde alguna que otra vez publico textos varios. No se corresponde propiamente a la idea que tenemos de un blog, en tanto no es un sitio que alimente de forma cotidiana. Aprovecho la plantilla del blog como plataforma donde puedo escribir lo que quiera y cuando quiera. Me he prometido, sin embargo, ser más constante y no dejar que transcurran lapsos de uno o dos años entre cada publicación.

F:¿Qué libro estás leyendo ahora? O en su defecto, cuál fue el último que leíste.

GS: Pasa que soy un lector algo desordenado y tiendo a revisar varios textos a la vez, intercalándolos, sin una hoja de lecturas, por decirlo de algún modo, preestablecida. Ahora me encuentro algo avanzado en las lecturas de Danubio de Claudio Magris, Modo linterna de Sergio Chejfec y Barley Patch de Gerald Murnane.

F: Vamos con un poco de Revisiones. ¿Cuánto tardaste para concebir la idea general de la novela y para culminarla?

GS: La concepción de la novela fue sobre la marcha; generalmente empiezo a desarrollar un texto a partir de una idea muy vaga que puede venir en forma de una frase, a partir de una imagen específica o como algo que he experimentado en un momento dado. De esta forma, la idea del texto general era lo que es hoy la segunda parte de la novela, pero a medida que avancé en la redacción se desvirtuó y asumió la forma con la que se ha terminado publicando. No podría denotar un tiempo preciso que marque un comienzo y un final en cuanto a su concepción y culminación, pero sí que el proceso de escritura, que para mí resulta paralelo al de concepción, me tomó entre tres y cuatro meses.

F: ¿En qué te inspiras(te) para escribir?

GS: Podría responder algo similar a lo que comentaba antes. La cuestión de la inspiración es algo que me resulta complejo y que me cuesta describir con propiedad al ser una experiencia que, en lo personal, encuentro muy sujeta a lo disperso. Diría que puedo hallar inspiración en la lectura de lo que escriben otros, a través de una imagen que me dice algo, sea ésta estática o móvil, o en la experiencia u observación de un evento que se suceda en mi cotidianidad, por ejemplo; en cualquiera de estos casos, la sensación que me queda es la de encontrarme frente a un conjunto de posibilidades; de este modo la inspiración o lo que me inspira se presenta como un elemento que resulta contingente, que puede ser y no ser al mismo tiempo. Con respecto a Revisiones, podría decir que una suma de posibilidades como lo fue intentar congeniar diferentes formatos de escritura o abordar desde distintas perspectivas dinámicas espaciales y temporales, fue lo que en buena medida inspiró este texto.

F: Si hay algo que captó nuestra atención es tu uso de la imaginación y cómo juegas en relación a la identidad, no solo de los personajes, pero con los paisajes/lugares geográficos. ¿Cierto? Además, parece ser un extenso trabajo de investigación, ¿no? Hay muchísima descripción de los lugares, ¿has estado en ellos?

GS: Sobre esto creo que es el lector quien estima hasta qué grado lo imaginario valida lo inestable de la identidad, que, puestos a hablar sobre Revisiones, juega un rol destacado tanto a nivel del texto enfrentado a su materialidad, como a nivel del argumento, adentrándonos en la narración en sí. Con la noción de espacialidad ocurre algo similar, pero ésta captura particularmente mi atención. La idea del espacio me interesa a diferentes niveles interpretativos gracias a las distintas combinatorias que nos ofrece, y esto es algo que le debo mucho, por hablar de un nombre principal, a Joseph Frank y su The Idea of Spatial Form. Diría entonces que, cuando escribo ficción, más que reflexionar sobre el espacio lo que me interesa es buscar su representación de distintas maneras. Esto quizá responda a la última cuestión referida a mi estancia o no en los lugares descritos en el libro. Por otra parte, creo que toda elaboración de un texto está hermanada en buena medida al concepto investigación. Tal vez no de forma explícita, pues no todo texto obliga una investigación previa, pero sí implícita, en tanto el texto que se escribe es también una forma de exploración aguda, de observación y revisión.

F: Los datos y las características históricas incluidas en Revisiones son bastante interesantes y causan una buena impresión de su autor, un trabajo de esmero añadido ¿no? Música, arte… ¿Algún gusto personal por los mencionados? Muchos de ellos son unos grandes.

GS: El formato de esta novela en particular me permitió ser explícito con varios nombres y datos históricos, sobre todo para alimentar el juego que propone el texto en sí; en este sentido, no podría decantarme por ningún nombre en particular ya que, a su manera y de acuerdo a reflexiones particulares, cada uno de éstos me valió para plantear lo transtextual, el pastiche y lo paródico del texto en general. De igual forma, considero que cuando se escribe también se hace alusión a otros nombres que quedan en una suerte de trasfondo, un contexto que engloba aspectos generales y específicos relativos a la escritura, que ocurre muchas veces de forma inconsciente. A mí, por ejemplo, me atrae la idea de establecer una especie de asociación muy sutil y lejana entre el formato general que propone Revisiones y las reescrituras animadas de los dibujos y pinturas de William Kentridge. Pero esto ya es algo excluyente, una observación personal cuando pienso en este texto.

F: Tal vez no nos das una respuesta afirmativa, pero a nuestro parecer, hemos encontrado diversas referencias, como mencionamos en la reseña, a Bergman y a Lynch. Entre ellas la historia del escritor y su pareja en el campo; y otra, en descripciones como terciopelo azul. ¿Qué nos dices de eso? Sin ser muy revelador.

GS: Creo que las referencias a eso que entendemos como tradición literaria, y en este caso ampliémoslo a tradición cultural, siempre están presentes en los trabajos estéticos en mayor o menor medida. Y hablo de la idea de tradición en un sentido inclusivo, una tradición como algo complejo que nos presupone y no condicionada a lo meramente canónico, aunque estemos haciendo referencia a dos cineastas que bien forman parte de un canon occidental fílmico, por darle algún nombre. Ingmar Bergman y David Lynch son dos figuras que podrían considerarse inamovibles, no solo por el peso que tienen, digamos, en la historia del cine, sino porque, cada uno a su manera, ha sido capaz de hacernos ver algo muy detallado acerca del mundo a través de la ficción que proponen; además, ya fuera de la diégesis de sus películas como tal, los dos han sido muy enfáticos en cuanto a lo que han perseguido como cineastas y esto le aporta otro grado de intelección a su obra en tanto reflexionan y permiten reflexionar sobre la práctica estética en sí. Volviendo a la pregunta, que el lector encuentre en Revisiones imágenes que le remitan a Bergman o Lynch resulta halagador, pero yo me privaría el aseverar esto y lo dejaría en manos del lector como una cuestión que le corresponde y pertenece cada vez que se pone frente a un texto. Me gusta la idea de que cada lector trae consigo un horizonte de expectativas que le permite interpretar la obra de forma específica.

F: ¿Será que todos llevamos a un Amalfitano Silva por dentro?

GS: Podría ser, aunque Amalfitano Silva presenta y llega al final de su vida afligido por la contradicción que le impone la necesidad de crear y destruir al mismo tiempo, transgrediendo los límites de su propio diario. Es probable que nos enfrentemos a esta dicotomía más de una vez, pero se me antoja que, de ser sostenida, sería un estado experiencial muy ambiguo y agotador. Sin ir muy lejos, los diarios de Kafka son fuente inagotable para la representación de esta partición de intenciones, donde creación y destrucción están condicionadas por cierta ansiedad que asocio a un personaje como Amalfitano Silva. Todo esto lo encuentro muy bien sintetizado en lo acertada que resulta la frase registrada por Kafka el 15 de noviembre de 1911, en la que dice: “Sólo invento cosas buenas cuando estoy libre del papel.”

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